El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable, subjetiva y compleja, asociada a un daño tisular real o potencial, que actúa como un sistema de alarma del sistema nervioso para indicar que algo no está bien. La neurofisióloga francesa Denise Albe-Fessard (1916-2003) centró sus investigaciones en las vías del dolor en el sistema nervioso central, especialmente en el papel del tálamo, una estructura clave en la transmisión de señales sensoriales. Su trabajo fue fundamental para entender por qué el dolor no es solo una sensación física, sino también una experiencia emocional compleja.
Denise Gabrielle Henriette Marie Albe nació en París el 31 de mayo de 1916, en pleno fragor de la Primera Guerra Mundial. Hija de un ingeniero ferroviario, Denise creció en un hogar que valoraba la formación técnica y el rigor científico, y tuvo la oportunidad de recibir la misma educación que sus hermanos varones, algo que, en aquella época, era más común en la capital que en el entorno rural del que provenía su familia. Siguiendo el consejo de sus hermanos –ella era la menor de cuatro–, que le advirtieron sobre las dificultades que enfrentaban las mujeres en la medicina, decidió estudiar física en la prestigiosa Escuela Superior de Física y Química Industriales de París, donde se graduó en 1937.
Una vocación forjada entre guerras y voltios
Como mujer física, encontrar trabajo no le resultó nada fácil. Tras un breve y poco estimulante paso por la industria química en Rhône-Poulenc, decidió orientar su carrera hacia la investigación y se incorporó como asistente técnica en un laboratorio de fisiología vegetal del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés) para trabajar en electrofisiología –disciplina que estudia las propiedades eléctricas de los seres vivos; en su caso, las algas–. Este cambio de rumbo fue decisivo para el futuro de Denise, no solo porque se familiarizó con técnicas de registro eléctrico que más tarde serían fundamentales para sus descubrimientos, sino también porque conoció al fisiólogo Alfred Fessard, un pilar fundamental en la trayectoria vital y profesional de la científica.
La Segunda Guerra Mundial impuso condiciones extremas a la labor científica. Durante la ocupación, Denise trabajó en el Instituto Marey de París, enfrentando inviernos donde el hambre y el frío fueron sus compañeros –quemaba papeles viejos en pequeñas estufas para obtener algo de calor en el laboratorios–. En 1942 se casó con Fessard y tuvieron un hijo. Rodeados de un círculo de investigadores internacionales que veían en el Instituto Marey un santuario de la neurociencia, la pareja unió sus conocimientos para comenzar a construir amplificadores y osciloscopios capaces de capturar las señales más débiles del cerebro.
Del potencial eléctrico de los peces al mapa del dolor humano
Tras el fin de la guerra, la carrera de Albe-Fessard siguió tomando forma. Su perseverancia la llevó a doctorarse por la Universidad de París en 1950. Lo hizo con una tesis sobre sobre la actividad eléctrica en peces como la raya. Con investigaciones realizadas en Brasil y Francia, buscó comprender cómo estos animales generaban descargas de cientos de voltios, para lo cual perfeccionó el uso de microelectrodos para registrar la actividad celular individual.
Esta herramienta fue crucial cuando, a mediados de la década de 1950, decidió aplicar sus conocimientos al estudio de los mamíferos, centrándose específicamente en la corteza cerebral y el tálamo. Denise fue pionera en utilizar microelectrodos para registrar la actividad de neuronas individuales en el cerebro de mamíferos, una técnica que revolucionó el estudio del sistema nervioso. Su enfoque experimental permitió observar directamente cómo funcionan las neuronas en condiciones reales, algo que hasta entonces era prácticamente imposible.
Albe-Fessard es conocida fundamentalmente por su investigación sobre las vías del dolor en el sistema nervioso central. Su hallazgo más revolucionario fue la distinción entre dos centros talámicos fundamentales en la nocicepción –proceso fisiológico mediante el cual el cuerpo detecta y responde a estímulos potencialmente dañinos–: el sistema lateral, encargado de la localización precisa del estímulo, y el sistema medial, relacionado con los aspectos más emocionales del dolor. Esta distinción fue clave para comprender que el dolor no es solo una percepción física, sino que también implica una vivencia emocional compleja.
Su capacidad para integrar la investigación básica con la práctica clínica la llevó a colaborar estrechamente con el neurocirujano Gérard Guiot en el Hospital Foch de París. Juntos desarrollaron técnicas pioneras de registro con microelectrodos para localizar estructuras talámicas específicas. Aplicadas a la cirugía estereotáctica, estas técnicas mejoraron drásticamente la precisión de las intervenciones quirúrgicas empleadas para tratar enfermedades como el párkinson y otros trastornos del movimiento.
Liderazgo mundial y el nacimiento de una nueva disciplina
La influencia de Denise Albe-Fessard trascendió los muros del laboratorio para dar forma a la comunidad científica global. En 1973, durante un simposio en Seattle, fue una figura clave en la creación de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés), convirtiéndose en su primera presidenta en 1975. Bajo su liderazgo, el estudio del dolor dejó de ser un tema secundario para convertirse en una disciplina médica y científica por derecho propio.
A pesar de los desafíos políticos de su época, Denise mantuvo una red de colaboración activa con investigadores de la Unión Soviética, Checoslovaquia, Brasil y Japón. Incluso después de su jubilación oficial en 1985, continuó trabajando como profesora invitada en universidades de Canadá, Italia y Estados Unidos, centrándose en el estudio de los dolores que persisten tras una lesión nerviosa debido a cambios en la actividad de la médula espinal y el cerebro.
Su labor fue reconocida con las más altas distinciones de su país, incluyendo la de Caballero de la Legión de Honor en 1973 y la de oficial de la Orden Nacional del Mérito en 1978.
Denise Albe-Fessard falleció el 7 de mayo de 2003, a los 86 años. Su nombre figura en la lista de las 72 científicas cuyos nombres han sido propuestos recientemente para ser inscritos en la Torre Eiffel como reconocimiento a la importancia de sus contribuciones en ciencia.
Texto publicado originalmente en Mujeres con Ciencia: https://mujeresconciencia.com/2026/04/16/denise-albe-fessard/




