6S: Que las palabras no invisibilicen la industria

Artículo publicado originalmente en El Común: https://elcomun.es/2026/09/06/6s-que-las-palabras-no-invisibilicen-la-industria/

Por Las Criadas/Neskameak

Desengañémonos: hoy en día las batallas políticas no se ganan apelando a la racionalidad.

La dialéctica, el debate, los datos, los argumentos ya no son los medios adecuados para convencer a la opinión pública.

Para ganar una batalla política hoy en día lo fundamental es generar un buen relato.

No importa si este relato es cierto o no. Casi mejor si no lo es, porque así no es necesario indicar las fuentes que corroboran el discurso. Se puede formular la sentencia más disparatada sin necesidad de ratificar con evidencias, o incluso hacerlo a través de un bulo.

Lo verdaderamente importante es que ese relato sea emotivo.

El relato emotivo no se relaciona con nuestro intelecto, con nuestra racionalidad. El relato emotivo debe conectar con lo más básico, con nuestro cerebro reptiliano, con nuestras emociones, con nuestras experiencias personales, con nuestros miedos y deseos. Y para formular un relato hacen falta palabras.

Una estrategia que está dando muy buenos resultados es:

“Dejemos de llamar las cosas por su nombre”

¿Madre? Mejor progenitor gestante

¿Mujer en situación de prostitución? Mejor trabajadora sexual

¿Imposibilidad de que dos hombres se reproduzcan entre ellos? Mejor infertilidad estructural

Aunque esta técnica se ha usado en distintos temas (casualmente todos ellos relacionados con vindicaciones tradicionales del feminismo) nosotras vamos a hablar de vientres de alquiler (o gestación subrogada, o maternidad por sustitución, o explotación reproductiva)

Lo cierto es que más allá de la pelea terminológica por la denominación “correcta” de esta práctica de cosificación y comercialización de seres humanos, en los últimos años hemos asistido a una operación lingüística cada vez más sofisticada a su alrededor. Una operación que por supuesto, tiene como fin cambiar las leyes para que el estado legalice esta forma de violencia contra las mujeres. Pero también algo más perverso, pretende transformar las palabras con las que pensamos aquello que esas leyes podrían llegar a permitir.

Cuando la gestación subrogada se presenta como una «técnica de reproducción asistida» no solo se falta a la verdad, sino que además la conversación se desplaza hacia la ciencia y la medicina haciendo desaparecer el mercado, los contratos y las relaciones de poder. Cuando hablamos de «padres de intención», desaparece quién compra (y paga). Cuando hablamos de «compensación», desaparece el dinero. Cuando hablamos de «proyecto parental», el deseo de quienes encargan un bebé ocupa todo el espacio. Cuando hablamos de «gestante», una mujer concreta, con unas condiciones materiales concretas, desaparece detrás de una categoría técnica.

Y todo esto tiene una sencilla explicación: Las palabras no son neutrales.

Las feministas lo sabemos desde hace mucho tiempo. Sabemos que lo que no se nombra no existe.

Si una mujer aparece muerta, la acción de matar y el sujeto que mata desaparecen de la ecuación. Y así, de igual modo, el victimario desaparece de la realidad e incluso desaparece su responsabilidad social y penal.

También sabemos que nombrar la violencia permite reconocerla. Que hablar de sistema prostituyente en lugar de invisibilizar la violencia que lo sostiene, llamar putero a quien paga por acceder sexualmente al cuerpo de una mujer o nombrar como explotación sexual lo que en los últimos tiempos se presenta como «trabajo sexual» no es una cuestión estética, es una forma de hacer visibles las relaciones de poder, desigualdad y violencia que otras palabras intentan ocultar.

Y por todo esto queríamos hablaros del lenguaje que usamos para hablar, escribir y pensar sobre vientres de alquiler (o gestación subrogada, o maternidad por sustitución, o explotación reproductiva)

No venimos a discutir. No queremos ganar una discusión terminológica. Queremos ganar la batalla política.

La industria de la explotación reproductiva mediante la gestación subrogada no vende solamente un “servicio”. Necesita construir las condiciones culturales que permitan imaginar ese servicio como socialmente aceptable,  deseable, normal, inevitable o incluso altruista. Necesita que dejemos de ver una industria y empecemos a ver historias individuales. Necesita que miremos el deseo de quienes quieren comprar un bebé y dejemos de mirar las condiciones de las mujeres que gestan para terceros. Necesita convertir el mercado en una historia de amor, en un acto de generosidad (siempre por supuesto por parte de las mujeres).

Necesita construir un relato emotivo.

Y para hacerlo necesita resignificar las palabras.

No estamos diciendo que todas las personas que utilizan estos términos conozcan o compartan esa operación. Estamos diciendo algo mucho más sencillo: las palabras producen marcos ideológicos y políticos. Y esos marcos determinan qué vemos y qué dejamos de ver.

La investigación sobre el discurso mediático alrededor de la gestación subrogada lleva años mostrando precisamente esa disputa por las denominaciones y por los significados que arrastran.

Por eso, cuando desde el feminismo hablamos de explotación reproductiva, de mercado reproductivo, de vientres de alquiler o de compraventa de bebés, no estamos utilizando «palabras más duras». Estamos intentando recuperar aquello que el lenguaje eufemístico borra. Estamos diciendo: aquí hay mujeres, hay dinero, hay contratos, hay desigualdad y hay una industria multimillonaria que cada día es más poderosa (27mil millones de dólares en 2025 que aumentará a 201,8 mil millones de dólares en 2034) Y si todo eso desaparece del lenguaje, también puede desaparecer del debate político.

Por eso lo que hoy proponemos a quienes estamos implicadas en la abolición universal de esta práctica profundamente clasista y misógina, a quienes creéis igual que nosotras que está practica es contraria a los derechos de las mujeres y la infancia es que no adoptemos sin más el vocabulario construido por quienes quieren normalizar esta industria.

No permitamos que otros escriban el diccionario con el que después tendremos que debatir. No cedamos las palabras. No cedamos los discursos. No cedamos la capacidad de nombrar aquello que queremos transformar.

No pedimos un vocabulario obligatorio. Pedimos algo más importante: conciencia crítica sobre los marcos ideológicos que determinadas expresiones incorporan. Porque la cuestión no es solamente cómo hablamos de esta industria, sino desde dónde la miramos.

Podemos hablar de gestación subrogada cuando sea necesario identificar el término utilizado social o jurídicamente. Pero no tenemos por qué aceptar que ese sea el único marco desde el que pensar la realidad. Podemos explicar qué significa «gestación por sustitución» y, al mismo tiempo, hablar de explotación reproductiva. Podemos describir lo que la industria llama «compensación» y preguntarnos qué relación económica existe realmente. Podemos escuchar las experiencias individuales sin permitir que esas experiencias sean utilizadas para borrar la estructura.

Porque cuando una industria consigue que su vocabulario parezca neutral, ya ha ganado una parte de la batalla.

Y cuando conseguimos que la sociedad vuelva a ver aquello que ese vocabulario ocultaba, empezamos a recuperarla.

Y ya que estamos aquí, también queremos plantear una propuesta.

El 6 de septiembre de 2025 Madrid vivió dos acontecimientos enfrentados alrededor de los vientres de alquiler: mientras se celebraba el II Congreso Internacional de Gestación Subrogada, el movimiento feminista salió a la calle para denunciar la explotación reproductiva y rechazar cualquier intento de normalización de esta práctica.

Aquella fecha puede quedarse como una fotografía de un día o puede convertirse en memoria política. Nosotras queremos lo segundo.

Proponemos que el 6S se convierta en una fecha de lucha contra la industria de la gestación subrogada y por la abolición de la explotación reproductiva (y ojalá con el tiempo, también en una jornada del calendario institucional)

Porque las luchas necesitan memoria. Necesitan un momento del año en el que las instituciones tengan que explicar qué están haciendo, los medios tengan que volver a hablar de ello y el movimiento feminista pueda volver a colocar la cuestión en el centro de la conversación pública.

El 6S puede ser ese día.

Un día para recordar que no estamos ante un debate abstracto sobre modelos de familia. Un día para hablar de mercado reproductivo, desigualdad, maternidad, derechos de las mujeres y de la infancia. Y de una industria internacional y transfronteriza que lleva años intentando presentarse como una cuestión privada de libertad y deseo.

Por eso proponemos el 6 de septiembre: día contra la industria de la gestación subrogada.

Una fecha para recordar, para volver a nombrar.

También una fecha para exigir la abolición universal de la maternidad por sustitución (los vientres de alquiler, la gestación subrogada, la explotación reproductiva)

Porque el mundo que Margaret Atwood narró no es ficción. Está pasando.