
En 1996, un grupo de mujeres de Bidasoaldeko Emakumeak solicitó al Ayuntamiento de Irun que modificara la ordenanza para poder participar en el Alarde en igualdad de condiciones. Cada 30 de junio, desde hace tres décadas, el tradicional desfile de la festividad de San Marcial se celebra dividido en dos modelos: el Alarde tradicional (excluye a las mujeres de la tropa; el único puesto que pueden ocupar en las compañías es el de cantinera) y el Alarde Público (desfilan hombres y mujeres de forma conjunta).
El viernes, una treintena de integrantes de Irungo Alardea intervinieron en el tramo final del último pleno ordinario del Ayuntamiento para exigir que la institución asuma de forma directa la organización de un único desfile para toda la ciudadanía, recordando que “para una institución, la igualdad no es una opción ideológica, sino una obligación legal”.
“Un Alarde financiado por Emakunde y por la Diputación Foral de Gipuzkoa, pero ignorado por el propio Ayuntamiento, constituye una anomalía institucional que avergüenza a esta ciudad”, insistieron.
También quisieron “reconocer a las mujeres y los hombres que hace treinta años tuvieron el coraje de entrar en el Alarde bajo insultos, amenazas y agresiones”, y aseguraron haber demostrado “que la igualdad no destruye el alarde: lo engrandece y lo fortalece”.
Las personas que acudieron al pleno colocaron delante de los representantes políticos unos pañuelos rojos como reivindicación y recordatorio simbólico de sus 30 años de lucha contra la discriminación.
Comunicado íntegro de Irungo Alardea
Hace treinta años, un grupo de mujeres de Bidasoaldeko Emakumeak solicitó al Ayuntamiento de Irun que modificara la ordenanza para poder participar en el Alarde en igualdad con sus conciudadanos. Treinta años después, seguimos pidiendo lo mismo: que el Ayuntamiento organice un Alarde Municipal. No reclamamos nada nuevo; pedimos que esta Institución recupere lo que siempre le perteneció: la organización del Alarde.
Durante siglos, el Ayuntamiento fue garante del Alarde. Hoy su ausencia no es neutralidad: es abandono.
La ley es clara. Para una institución, la igualdad no es una opción ideológica, sino una obligación legal. Una institución que proclama la igualdad en sus documentos y la ignora en el acto más emblemático de sus fiestas es una institución que ha dimitido de sus responsabilidades, se contradice a sí misma y pierde credibilidad ante toda la ciudadanía.
Un Alarde financiado por Emakunde y por la Diputación Foral de Gipuzkoa, pero ignorado por el propio Ayuntamiento, constituye una anomalía institucional que avergüenza a esta ciudad.
Treinta años de espera son demasiados. Llevamos tres décadas sosteniendo con nuestras manos lo que este Ayuntamiento debiera haber sostenido con las suyas. Ya es hora de que la Corporación Municipal esté a la altura de sus responsabilidades, y de que convoque, organice y respalde un Alarde para toda la ciudadanía. Es una responsabilidad política y ética, si es sincero su compromiso con la igualdad.
Por último, queremos reconocer a las mujeres y los hombres que hace treinta años tuvieron el coraje de entrar en el Alarde bajo insultos, amenazas y agresiones. Gracias a su dignidad, hoy más de dos mil personas desfilamos juntas. Sin apoyo municipal hemos construido un Alarde vivo, emocionante y creciente.
Hemos demostrado que la igualdad no destruye el Alarde: lo engrandece y lo fortalece.
Gora Irun!
Gora San Martzial!
Queremos daros las gracias
A las personas que habéis participado y estado ahí estos treinta años sin rendiros, y a quienes habéis estado tan solo un día.A las compañeras y compañeros que nos han dejado a lo largo de estos años, y cuyo recuerdo desfila hoy con nosotras.
A los partidos políticos —HB, IU y EA— por haber apoyado la igualdad en aquel pleno de 1996 y a EH BILDU y Elkarrekin Podemos por seguir haciéndolo hoy, frente al PSOE, el PNV y el PP, que ni la apoyaron entonces ni la apoyan hoy.
A quienes nos habéis aplaudido y animado desde las aceras, y a quienes lo habéis hecho con la palabra y el reconocimiento.
A las nuevas generaciones de jóvenes que habéis hecho vuestro éste Alarde llenándolo de alegría y vitalidad.
Y, por último, a nuestras familias y amistades, que —sobre todo en los primeros años— nos sostuvieron y nos arroparon. Gracias.
Porque este Alarde Igualitario no nació de la nada: nació del valor de personas que fueron señaladas, insultadas y dañadas, y que, aun así, creyeron que merecía la pena comprometerse con la causa de la igualdad.
Muchas gracias a todas y a todos.

