Sonia Oceja no concibe el deporte como una etapa cerrada, sino como algo que ha ido y venido a lo largo de su vida. A sus 57 años, compite en categoría máster con el Durango Kirol Taldea, ha sido campeona de España en pruebas combinadas y ha participado en torneos europeos. Esta tarde pondrá esa experiencia sobre la mesa en un encuentro con otras deportistas organizado dentro del programa del 8 de marzo en la villa.
Sus primeros pasos fueron en la Ikastola, dentro del grupo de atletismo que impulsó Juanjo Ziarrusta. “Hacía baloncesto, pero como crecí muy tarde y era chiquitina, me pasé al atletismo”, recuerda. Aquella decisión marcó el inicio de una etapa de entrenamientos regulares y competición.
Su paso por la universidad en Vitoria-Gasteiz supuso un punto de inflexión. Con la entrada de Ziarrusta en política y sin un grupo con el que se sintiera cómoda en la capital alavesa, la dinámica cambió. El atletismo fue perdiendo presencia en su rutina hasta que lo dejó.
El siguiente capítulo deportivo llegó de forma inesperada. Una amiga le habló de la creación de un equipo femenino de rugby en Durango, algo novedoso en aquel momento. “Nunca lo había practicado, pero me apetecía probar, aunque sólo fuera por los entrenamientos”, detalla. Aquella experiencia se prolongó durante unos 4 años y le permitió volver a competir en equipo, hasta que se trasladó a Argentina.
El regreso coincidió con una etapa vital distinta. Cinco hijos, trabajo como profesora de Educación Física y menos espacio para la competición. Durante años mantuvo la actividad física ligada a su profesión, pero sin objetivos competitivos. El reencuentro llegó cuando su hijo menor empezó a practicar atletismo “y me reenganché”. Volvió a entrenar y se integró en el grupo femenino del Durango Kirol Taldea que acudía a campeonatos estatales.
“Las equipaciones, material, horarios… normalmente son mejores para el equipo masculino”
Desde ese momento acumula más de una década compitiendo. “Llevo ya 12 años en el equipo, compitiendo en Euskadi, en España, he ido a algún europeo y estoy súper feliz”. En categoría máster, explica, la continuidad tiene un peso importante y la presencia femenina no es tan numerosa. Eso no resta mérito a los resultados, pero sí condiciona el contexto competitivo.
Entre los títulos que más valora está el primer oro en un Campeonato de España de pruebas combinadas, una modalidad que reúne siete disciplinas y exige regularidad en todas ellas. También ha logrado un tercer puesto europeo en pértiga, una experiencia que, según reconoce, exige un nivel alto y constancia.
Esta tarde participará en un coloquio en el Museo Kurutzesantu, a las 18.30 horas, junto a Ione Aizpurua y Paule Miota (triatlón), Oihane Irusta (atletismo), Elisabeth Luengo (tiro con arco) y Paula Zugartaza (Ibaizabal Eskubaloia). El encuentro, moderado por la exciclista Eneritz Iturriagaetxebarria, pretende “dar a conocer la experiencia de diferentes mujeres que estamos en un nivel un poquito superior del deporte”, resume.
Barreras del día a día
Desde su perspectiva, sí que ha evolucionado la percepción del deporte femenino, pero no tanto como podría parecer. “Se valora más en la teoría que en la práctica”, sostiene. Considera que las políticas y los discursos han incorporado la igualdad, aunque en el día a día persisten diferencias claras. “El reparto de material, equipaciones, horarios… normalmente son mejores para el equipo masculino de los clubes, que encima es ‘el equipo’, y luego las chicas son ‘el femenino’, como algo secundario”, añade.
Uno de los factores determinantes para perpetuar estas situaciones es la visibilidad, ya que “la cobertura que se le da al deporte femenino todavía sigue siendo muy inferior al del masculino”. Esa menor presencia repercute directamente en el acceso a apoyos económicos y responde con un claro “en los patrocinios” cuando se le pregunta dónde detecta más machismo.
También señala la comparación constante con el patrón masculino, especialmente en deportes colectivos. “Se prima la fuerza, velocidad e intensidad del estándar masculino y, cuando el ritmo es distinto, se interpreta como algo inferior”, critica.
Pero la desigualdad no sólo se refleja en la competición, sino también en las “esferas de mando”. “En pocas federaciones hay mujeres presidentas o vicepresidentas, normalmente son secretarias o vocales”, indica. Recuerda reuniones federativas en las que ha coincidido con una veintena de hombres y apenas un par de mujeres. Esa desproporción influye en la mirada y en las prioridades.
Avances e inercias
Su implicación en cuestiones de igualdad comenzó a raíz de una formación organizada por el Ayuntamiento de Durango cuando estaba al frente de su club. Aquella primera aproximación derivó en más preparación dentro de este ámbito y en su participación en espacios institucionales como el Consejo de Igualdad, además de impulsar iniciativas como ‘Emakumeak Korrika’ dentro de su entidad deportiva.
Su labor como docente, además, le permite ser testigo de los avances, pero también inercias, que persisten entre adolescentes. “Muchas veces me encuentro con situaciones en las que las alumnas admiten reproches o miradas de desprecio de los chicos. Y está normalizado”, lamenta. Para ella, la igualdad real todavía no está plenamente asumida.
El 8 de marzo, sostiene, mantiene vigencia precisamente por esa brecha pendiente. Lo define como “un día de reivindicación hacia la igualdad, que todavía no es real”, aunque insiste en que el trabajo debe sostenerse durante todo el año y no limitarse a una fecha concreta.



