Taslima Akhter, fotógrafa y activista bangladeshí
«El derrumbe de Plaza Rana no fue un accidente laboral sino un asesinato estructural»

Daca (Bangladesh), 23 de abril de 2013. En un edificio de ocho plantas conocido como Rana Plaza, miles de personas cosen prendas por salarios de miseria para los conglomerados de la moda. Algunas de ellas observan grietas en la estructura y se niegan a continuar. Se les amenaza con privarles de un mes de salario. El sueldo apenas les alcanza para comer. Prosiguen con su trabajo.

Un día después, el edificio se viene abajo enterrando bajo los escombros a cerca de 4.000 personas, el 80% de ellas mujeres.  El resultado, 1.136 personas muertas, y más de 2.500 heridas. Una catástrofe sin precedentes.

Taslima Akhter

La fotógrafa y activista bangladeshí Taslima Akhter corrió a ayudar y a documentar la hecatombe. La secuencia de hechos arriba narrada ha sido extraída de sus declaraciones al diario belga ‘Solidaire.org’. Su impresionante fotografía ‘Abrazo final’, que muestra a una pareja abrazada entre las ruinas, dio la vuelta al mundo.

Akhter llevaba ya tiempo completando un trabajo de denuncia de las condiciones laborales en el textil. A su entender, el colapso fue “un asesinato estructural” y “no un accidente” como lo ven “nuestro Gobierno y las compañías involucradas”.

«Las multinacionales de la moda están cancelando pedidos por la crisis del coronavirus, lo que está provocando despidos masivos»

El aniversario de este año se mezcla con las consecuencias de las crisis del coronavirus. Tal y como explica la edición australiana de la revista ‘Voge’, las multinacionales de la moda están cancelando pedidos ya comprometidos por el cierre de tiendas. Estas anulaciones están provocando despidos masivos y pérdidas millonarias a las empresas locales por prendas ya confeccionadas y materia prima adquirida.

Oxfam pronostica que “la situación será dificil para las mujeres que tienen hijos, ya que su salario ni siquiera cubre sus gastos mensuales”. Además, “corren el riesgo de sufrir agresiones machistas al tener que permanecer en el hogar”, precisa Kalpona Akter, directora ejecutiva del Centro de Solidaridad de Trabajadores de Bangladesh. Distintos estudios indican que dos tercios de las mujeres de Bangladesh sufren violencia doméstica.

Fábricas abiertas sin medidas de protección

Algunas fábricas han estado abiertas durante la pandemia, a pesar de que los trabajadores y trabajadoras no pueden protegerse adecuadamente del virus. “No pueden mantener la distancia y no tienen instalaciones sanitarias adecuadas”, acusa Meg Lewis, directora de campaña de Labour Behind the Label, organización británica que trabaja por los derechos de los trabajadores y trabajadoras del textil.

Más de cuatro millones de personas trabajan en el sector, y ocho de cada diez son mujeres

Para Taslima Akhter, no obstante, “el tema de las condiciones de trabajo va más allá de la situación de las fábricas”. Junto con los derechos laborales, lo que está en cuestión son, afirma, la democracia y la posición de las mujeres. Más de cuatro millones de personas trabajan en el sector, y ocho de cada diez son mujeres.

La fotógrafa y activista reclama acciones dirigidas a presionar a las multinacionales, puesto que “nuestra industria textil no es local, es parte de la cadena global” y las empresas “hacen que su ropa se fabrique en Bangladesh porque pueden conseguir que la gente trabaje a un precio muy bajo, sin preocuparse demasiado por la seguridad o los sindicatos”.

Responsabilidades sin depurar

Los salarios allí, de hecho, “están entre los más baratos del mundo” y, aunque después del desastre de Plaza Rana se han duplicado, siguen siendo mezquinos.

Las responsabilidades por el derrumbe están aún sin aclarar. El Trust de Ayuda Legal y Servicios (Blast) de Bangladesh ha exigido esta semana una “indemnización adecuada” para las víctimas y sus familias, y ha instado a las autoridades competentes a que establezcan un “criterio mínimo para las compensaciones”. Además, reclama cambios en la legislación laboral.

Organizaciones humanitarias urgen también desde hace años a revisar el modelo de negocio de la moda rápida. Es muy probable que la actual pandemia sirva para replantearse esta y otras muchas cuestiones.