Amelia Tiganus Activista y superviviente
«El abolicionismo de la prostitución es antipatriarcal, anticapitalista, antirracista y anticolonialista»

Un retrato de Amelia Tiganus. FOTO: MIGUEL A. RAMON (Las Noticias de Cuenca)

Amelia Tiganus participa hoy como ponente en las ‘Jornadas Abolicionistas. Prostitución una perspectiva abolicionista’. Es una activista feminista, superviviente de la prostitución y experta reconocida en el ámbito de la defensa de los derechos de las mujeres, y en contra de la mercantilización de la capacidad sexual y reproductiva de mujeres y niñas. Fue coordinadora de Feminicidio.net y actualmente forma parte de Euskal Herriko Mugimendu Abolizionista (EHMA), además de colaborar con diversas organizaciones internacionales. Imparte conferencias y formación en el ámbito de la prostitución, la trata y la violencia sexual hacia las mujeres. Nacida en Rumanía, reside en Gipuzkoa, donde pudo reconstruir su vida, en gran parte, como ella misma reconoce, “gracias al feminismo”.

Las jornadas se desarrollan en distintas facultades de la UPV-EHU y han sido organizadas por el sindicato estudiantil Ikasle Ekintza en colaboración con Euskal Herriko Mugimendu Abolizionista (EHMA) y la Red Académica Internacional de Estudios de Prostitución y Pornografía.

-Hay quien mezcla el prohibicionismo y el abolicionismo e incluso hay quien no sabe muy bien qué supone la legalización, ni cómo está la situación en el mundo y qué resultados están dado las distintas políticas que se están aplicando.

-La prostitución ha estado prohibida o regulada, según intereses, a lo largo de la historia. Ahora mismo, tenemos el ejemplo de países prohibicionistas -principalmente países de Europa del Este-, donde en teoría se persigue a todos los actores del sistema prostitucional, pero en la práctica son las mujeres prostituidas las que acaban estigmatizadas, perseguidas, multadas e incluso encarceladas, al ser la cara visible de este problema social. Por otra parte, tenemos el ejemplo de países como Alemania y Holanda, entre otros, donde las consecuencias que ha traído la legalización de la prostitución son catastróficas: la situación de las mujeres ha empeorado muchísimo, las prácticas que los puteros exigen son cada vez más peligrosas y denigrantes, la demanda ha ido en aumento y la trata también, ya que no hay tantas mujeres dispuestas a dejarse penetrar por boca, vagina y ano por cualquiera al que le sobre un billete y le falte ética; los únicos beneficiados han sido los proxenetas que abrieron macroburdeles, criminales que se convirtieron en respetables empresarios. El modelo abolicionista implementado en varios países como Suecia, Noruega y Francia es el único que ofrece prevención, protección y reparación a las mujeres y las niñas, y castiga todas las formas de proxenetismo junto con la compra de sexo, o sea, al putero. La abolición de la prostitución es un largo camino que ha de ser global, ya que el proxenetismo lo es, y creo que el único camino acorde al pensamiento progresista.

“Las prácticas que los puteros exigen donde la prostitución es legal son cada vez más peligrosas y denigrantes”

-Con estas jornadas, el abolicionismo llega a la universidad vasca. ¿Qué importancia tiene abarcar ese ámbito educativo?

-Es fundamental que el mensaje abolicionista llegue a las universidades, porque justamente ahí están las personas que van a tomar decisiones el día de mañana. Si aspiramos a vivir en una sociedad democrática que respeta y persigue alcanzar los valores universales de los derechos humanos es imprescindible que, ante la tergiversación y el desconocimiento general que hay sobre el tema de la prostitución, trabajemos y difundamos el único modelo que pone en el centro el buen trato, la libertad y la igualdad entre mujeres y hombres. Es una lucha titánica, porque el discurso que defiende la regulación de la prostitución como un trabajo es un bombardeo constante que llega desde medios de comunicación, organismos Internacionales, ONGs y fundaciones financiadas por filántropos de la talla de George Soros y Bill Gates, y se asienta sobre una base de pensamiento social patriarcal, capitalista, neoliberal y racista en la que cuaja fácilmente. No querer pensar y profundizar es un acto antidemocrático. Lo transgresor no es meter en las universidades discursos que refuerzan el estatu quo y alimentan las desigualdades. La libertad de pensamiento requiere romper esquemas mentales, políticos, sociales, económicos y culturales. Y el abolicionismo lo hace con creces, ya que pone en jaque todas estas estructuras.

-También la postura regulacionista está entrando en el espacio académico. ¿Cómo suelen acogerse tus intervenciones en las universidades?

-La respuesta del alumnado de las universidades es muy positiva. Sobre todo, agradecen tener una información a la que en gran parte es más complicado acceder; agradecen las herramientas que fomentan el pensamiento crítico, que es justamente lo que defiende la educación. Es preocupante que en el ámbito universitario esté entrando el discurso que favorece el proxenetismo, y cómo se puede llega a normalizar el dominio sobre la capacidad sexual de las mujeres que mayoritariamente son migradas, racializadas, en situación de absoluta pobreza y vulnerabilidad. Las mujeres del Sur Global nos merecemos ser consideradas personas, no mercancía de esta industria criminal, en la que algunos se enriquecen —los proxenetas— y otros se divierten —los puteros—. Tenemos el derecho a vivir una vida libre de violencia física, psicológica, sexual, económica, institucional, socio-cultural, simbólica y también feminicida.

“Las mujeres del Sur Global nos merecemos ser consideradas personas, no mercancía de la prostitución”

-Desde tu experiencia, ¿cuál dirías que es la realidad de la prostitución en Euskal Herria, tanto a nivel del sistema prostitucional, como de la respuesta social?

La realidad puede comprender varias dimensiones, tal como y como acabas de plantear. El sistema prostitucional está muy instalado en la sociedad vasca, convivimos con todos esos campos de concentración que son los prostíbulos. Además, cada vez hay más pisos de prostitución. Creo que hay un desconocimiento y pienso que esta tolerancia es por el desconocimiento, pero también por indiferencia. Porque el tema del sexo siempre ha sido y sigue siendo un tema tabú. La cultura putera está muy arraigada en Euskadi. Con el beneplácito social y familiar, los hombres una vez a la semana quedan con la cuadrilla de amigos y a menudo —y cada vez más— esos encuentros y cenas acaban en los prostíbulos. Vemos cómo está aumentando el consumo de prostitución como una práctica de ocio más. También es cierto que las nuevas generaciones de mujeres vascas no están dispuestas a resignarse ante esta conducta de los hombres que otras generaciones de mujeres no tuvieron más remedio que aceptar. He escuchado mil historias de mujeres que iban al prostíbulo a rescatar el sobre con la paga que cobraban semanalmente sus maridos. También de mujeres que defendían que se fueran de putas porque así las dejaban a ellas en paz. Ahora esto ya no es así. El pensamiento y el análisis feminista está muy instalado en las mujeres vascas, que ya no están dispuestas a aceptar la dicotomía puta-santa y entienden que todas somos mujeres y que los hombres deben renunciar a sus privilegios y comportarse con nosotras desde el respeto, la igualdad y el reconocimiento hacia el sujeto —no el objeto— mujer.

“Convivimos con campos de concentración  que son los prostíbulos”

-¿Qué opinas sobre el papel de las instituciones?

-A nivel institucional, las respuestas que se dan en Euskal Herria son favorables a la legalización de la explotación sexual de las mujeres y las niñas. Esto preocupa muchísimo y tenemos que cambiarlo, porque lo que se legisle sobre la prostitución nos afecta socialmente a todas las mujeres y niñas.

-Sueles decir que no hay un perfil de putero.

Yo llegué al Estado español en el año 2002 y desde entonces hasta 2007 pasé por más de 40 prostíbulos, entre los cuales varios estaban en territorio euskaldun. Los puteros aquí no son diferentes a los de otras partes del Estado. No hay un perfil y cualquiera puede serlo. Y son expertos manipuladores capaces de llevar una doble vida. Después de salir, me encontré con muchos por la calle que iban empujando el carrito del bebé, cargaban con la compra, cenaban en un restaurante… Todo ello al lado de sus parejas, porque la mayoría de los puteros tienen un compromiso con una mujer fuera del espacio prostitucional. Ese mundo paralelo para las mujeres ‘buenas’, es un mundo que los hombres solapan y disfrutan utilizándonos a unas y a otras.

Miedo al deseo de las mujeres

-¿Es distinto el tipo de sexualidad que mantienen con unas y con otras?

 –Fuera de la prostitución no se atreven a mantener una actitud sexual activa, de igual a igual, desde el placer, desde el encuentro. Son más bien paraditos. El hombre patriarcal teme el deseo sexual de las mujeres. Dentro del prostíbulo se envalentonan porque el dinero les pone en una situación de poder y ese miedo al deseo sexual de las mujeres se diluye y ganan confianza ante el frágil ego de la masculinidad patriarcal. Es un suelo seguro para los que no están dispuestos a revisar y renunciar a su machismo y a sus privilegios. Y, según estudios, 4 de cada 10 hombres son puteros. En todo caso, son muchos más que las mujeres prostituidas. Además de destruir la salud física y psicológica de las mujeres —a las que manosean, babean, penetran por boca, vagina y ano, y convierten en meros receptáculos de semen por ocio y diversión—, también financian esta industria criminal que solo en el Estado español (el mayor consumidor de prostitución de Europa y el tercero a nivel mundial después de Tailandia y Puerto Rico) mueve cinco millones de euros al día. A esos hombres hay que visibilizarlos y señalarlos.

“El hombre patriarcal teme el deseo sexual de las mujeres”

-¿Es importante sacar el debate del ámbito feminista y ampliarlo a la sociedad en su conjunto?

 –Sin duda alguna. La prostitución es un problema social y como tal ha de ser tratado. Hasta ahora no se ha dado un debate en profundidad sobre lo que representa la institución de la prostitución y cómo su existencia se convierte en un obstáculo fundamental para alcanzar la igualdad real de derechos y de oportunidades entre mujeres y hombres. Cuando el propio Estado pone a disposición de los hombres espacios físicos de ocio y disfrute donde hay una oferta exótica de mujeres reducidas a meros hoyos, estamos hablando de un acto discriminatorio hacia todas las mujeres. Es muy inocente pensar que nuestros derechos se van a garantizar mientras exista barra libre de mujeres, mientras el capitalismo salvaje nos convierta en un cuerpo con tres agujeros. En este mundo neoliberal donde todo se compra, nuestro deseo sexual se anula y el deseo masculino se anuncia como una necesidad y, por lo tanto, como un derecho. La prostitución es ese lugar donde la violencia sexual queda justificada por el intercambio de dinero. Es pagar por violar. El neoliberalismo blanquea la violencia sexual y provee la prostitución de mujeres y niñas que en la gran mayoría somos de países del Sur —donde se fabrican putas a través del empobrecimiento y la violencia sexual desde la infancia y adolescencia— para que esta sociedad pueda consumirnos. La fábrica de las putas funciona a pleno rendimiento para que hombres de países supuestamente desarrollados tengan a su alcance mujeres desechables, cada vez más jóvenes. Digo supuestamente desarrollados porque pienso que no se puede llamar desarrollado a un lugar que trata de la peor manera a la población más vulnerable de este planeta.

“Los países pobres fabrican mujeres desechables para los países supuestamente desarrollados”

-Has hablado de indiferencia social pero el tema, para bien o para mal, está presente. Se habla, por ejemplo, de la relación entre pornografía, prostitución y violencia. ¿Cómo crees que está calando todo esto?

-Algo se está moviendo, porque a la sociedad le empieza a preocupar sobre todo la violencia sexual que sale a la luz y el temor de que puedan llegar a sufrirla las mujeres a las que reconocen como iguales e importantes. Si hablamos de violencia sexual, no podemos dejar de lado la pornografía y la prostitución. El último estudio realizado por la Universidad de Islas Baleares afirma que los niños empiezan a consumir pornografía a partir de los 8 años a través de dispositivos móviles, propios o ajenos. La pornografía es la teoría y la prostitución es la práctica de la violencia sexual. Los varones empiezan a vernos sexualmente, ya desde niños, como objetos; instrumentos a través de los cuales obtener placer. El proxenetismo global utiliza todos los métodos para fabricar puteros también. Ninguno sería violador o putero si delante suyo, en vez de ver un objeto de deseo y consumo, viera un ser humano; una mujer, con sus sueños, deseos y derechos. Es importante entender que los puteros son agresores sexuales. Un billete no puede eximir de responsabilidad a un agresor sexual. Ese es un pensamiento neoliberal. Para nosotras, el billete es la prueba de la coacción de la libertad sexual de las mujeres. La libertad sexual no es tener sexo con cualquiera, sino hacerlo con quien deseamos, desde el placer y el reconocimiento mutuo; y también tener la libertad de decir ‘no’ y que ese ‘no’ no sea el principio de una negociación, sino el fin de toda conversación. Mientras llenamos las calles al grito de “¡No es No!”, “¡Hermana, yo te creo!” y “¡Ninguna agresión sin respuesta!” hay hombres —4 de cada 10— que no están dispuestos a escuchar un ‘no’ y por ello van a comprar un ‘sí’ —con total impunidad, sin cargo de conciencia y regodeándose en ello— en el supermercado criminal que hay cerquita de casa, bien iluminado y a la vista de toda una sociedad hipócrita.

Prostitución “buena y mala”

-Las regulacionistas diferencian trata de prostitución.

-Hay un gran interés en hacernos creer que hay una prostitución mala y una buena. Este relato lo alimentan mayoritariamente lo medios de comunicación que están al servicio del poder. Según este discurso, la prostitución mala es la trata y la prostitución buena es la elegida, la consentida, o lo que llaman autónoma. Hay una tergiversación sobre lo que representa el concepto de trata con fines de explotación sexual. La trata no es un fin; es un medio a través del cual se llega al fin —justamente lo indica su propio nombre—, la explotación sexual. La trata es lo que abastece la demanda de prostitución. Por ello, no se puede separar de la prostitución. En todo caso, recomiendo mi artículo ‘El trabajo os hará libres’ para saber y profundizar más. No existe una prostitución buena, porque la prostitución daña profundamente la salud de las mujeres. Hay quien se resiste a pensar que la prostitución es mala ‘per se’, como institución y como sistema. Pero el tema no es el consentimiento, sino la desigualdad de sexo, clase y raza que mantiene y fomenta.

“La trata abastece a la prostitución y son inseparables”

-Desde ciertos ámbitos se está afirmando que de esta cuestión tienen que hablar ellas, las mujeres prostituidas.

-Creo que esta afirmación implica un desentendimiento social y político tremendo. Es muy cruel poner la responsabilidad del sistema prostitucional sobre las espaldas de las mujeres más vulnerables. Es una revictimización desde mi punto de vista, sobre todo teniendo en cuenta que las mujeres que más podrían contarnos no pueden enfrentarse a todo esto, no pueden dar la cara, no pueden denunciar las atrocidades que sufren y después volver al mismo lugar de abandono y violencia. Por supuesto que estoy muy de acuerdo con escuchar a todas las mujeres. Y cuando digo a todas es a todas. Hay que escucharlas para poder analizar la realidad, el origen, las repercusiones que puede tener todo esto. Cuando legislamos sobre violencia de género, escuchamos a todas las mujeres en primera persona, pero no legislamos en base a lo que ellas decían, sino que personas expertas se reunieron y tomaron decisiones porque entendían que esa situación nos afecta a todas las mujeres y a la propia sociedad. En el caso de la prostitución, debe ser absolutamente igual. Justamente lo más transgresor es eso, vernos como iguales y entender que, así como nos indignamos cuando vemos publicidad sexista porque entendemos que nos cosifica y nos denigra a todas las mujeres, esa exposición de mujeres disponibles para que los hombres puedan satisfacer sus deseos sexuales también nos cosifica y nos denigra a todas las mujeres porque no dejan de ser nuestras hermanas, nuestras iguales por mucho que se hayan empeñado en hacernos pensar que somos dos clases diferentes, las unas y las otras, las putas y las santas, las buenas y las malas. Somos todas mujeres.

-Entre las mujeres que están en situación de prostitución parece que también hay posturas distintas en cuanto al abolicionismo o al regulacionismo.

Yo creo que la mayoría de las mujeres que están en situación de prostitución son ajenas a este debate. Por mi propia experiencia, ya que trabajo con muchas mujeres que están o han estado en prostitución, lo único que tienen claro es que quieren salir cuanto antes de esa situación. También tienen claro que no quieren que se entere la gente y mucho menos que aparezca en su vida laboral que han estado en la prostitución. Creo que la clave pasa por acercarnos a las mujeres en prostitución y hablarles del abolicionismo y de lo que persigue. La mayoría de las veces desconocen que tienen el derecho a la reparación, a la ayuda, a poder salir de esa situación. Tenemos que luchar de manera conjunta para que se empoderen y puedan romper con el estigma que hay alrededor de la puta, porque las putas no son el problema. Y ese estigma está alimentado, tanto por el discurso moralista, como por el neoliberal. Entre los dos extremos de “son unas malas mujeres” y “ellas lo eligen” no hay ninguna diferencia a la hora de analizar cómo afecta al estigma. Las dos posturas obvian sistemas de opresión y dejan sobre las espaldas de la mujeres la responsabilidad de su propia esclavitud. La prostitución es esclavitud porque ser instrumentalizada y puesta al servicio de los deseos ajenos no tiene otro nombre.

“La prostitución es esclavitud porque ser instrumentalizada y puesta al servicio de los deseos ajenos no tiene otro nombre”

 -¿Cuál es la agenda del movimiento abolicionista?

 –Las abolicionistas tenemos una agenda clarísima: pedimos una Ley Abolicionista del Sistema Prostitucional y de Atención Integral a Personas Prostituidas que incluya la descriminalización de las mujeres prostituidas, así como la reparación económica, acceso a la vivienda, acompañamiento psicosocial, asesoramiento jurídico, formación, terapia y trabajo; la prohibición y castigo de todas las formas de proxenetismo y de cualquier compra de acto sexual; el reconocimiento de mujeres prostituidas asesinadas como víctimas oficiales de violencia de género; formación especializada en intervención con víctimas dirigida a fuerzas de seguridad y otros funcionarios del Estado; educación afectivo-sexual feminista en todas las etapas y niveles educativos; campañas públicas de prevención y desincentivación del consumo de prostitución; estadísticas y transparencia de datos de número de consumidores de prostitución, número de mujeres prostituidas, número de prostíbulos y pisos, e ingresos del consumo de prostitución y otras formas de explotación sexual y económica de la industria del sexo en el Estado español. Esta ley es un tema prioritario en la agenda política de las mujeres y una demanda impostergable del movimiento feminista al Estado español y a la Unión Europea porque la prostitución no es un trabajo. Es violencia sexual, una violación de los Derechos Humanos y una forma de violencia extrema contra las mujeres. La prostitución es esclavitud y la esclavitud hay que abolirla.

-Hay quien cree que pretender abolir la prostitución es una utopía.

-Utopía no es sinónimo de imposible y, si hemos logrado avances en derechos y libertades acordes al buen trato y la ética, es gracias a las personas que lucharon y caminaron hacía la utopía. No nos conformamos con la resignación, así que caminamos hacia un mundo mejor. Los propios derechos humanos son una utopía, pero no por ello dejamos de luchar para conseguirlos. Esa es la diferencia entre la gente que acepta las normas de un sistema criminal y la gente que se rebela ante él. El abolicionismo es antipatriarcal, anticapitalista, antirracista y anticolonialista. El abolicionismo es transgresor. Ahora solo falta que la gente decida si está del lado del opresor o de la gente oprimida.