Eugenia Rodríguez Palop Eurodiputada de Podemos
“Cuidar es un deber público de civilidad y hay que imponerlo por ley”

La diputada de Unidas Podemos (UP) en el Parlamento Europeo María Eugenia Rodríguez Palop cree que ha llegado la hora de imponer la obligación de cuidar, ya que “es un deber público de civilidad” que culturalmente han asumido las mujeres, pero en el que deben comprometerse también los hombres y las instituciones.  “Es importante articular mecanismos que obliguen a la gente a cuidar”. Aseguró que preferiría que el reparto de responsabilidades se estableciera por convencimiento, pero cree que ya no se puede esperar más y, como jurista, confía en la “dimensión pedagógica” del Derecho.

Rodríguez Palop ofreció una conferencia dentro de los cursos de verano de la UPV, organizada por el centro de investigación para la paz Gernika Gogoratuz. Profesora de Filosofía del Derecho, cuenta con una dilatada trayectoria de trabajo y reflexión en los campos del feminismo y los derechos humanos. Su disertación abordó la revolución feminista y las políticas de lo común frente a la extrema derecha.

Tras repasar las causas y antecedentes que han llevado al florecimiento de las extremas derechas europeas y, con ellas, del antifeminismo, reflexionó sobre las formas en que el feminismo puede hacer frente a esta reacción. Antes de nada, diferenció el feminismo que “lucha en la órbita de la vida”, el ecofeminismo que ella defiende, del feminismo ‘fake’. Un “feminismo liberal”, que trata de responder también a la extrema derecha y que, más allá de la “lamentable y ridícula” reivindicación del mismo que hizo Ciudadanos en la campaña electoral, “tiene detrás toda una estructura de pensamiento feminista” representado por teóricas como Betty Friedan, por lo que conviene “no tomárselo en broma”.

“Conviene no tomarse en broma el feminismo liberal puesto que tiene detrás toda una estructura de pensamiento”

Feminismo liberal y respuesta del ecofeminismo

Ese feminismo identifica la “liberación y emancipación de la mujer con su mercantilización”. Se trata de un feminismo “empresarial, elitista, individualista”, que considera que “la lógica del mercado nos va a liberar a las mujeres” y “oculta” que esa lógica y la de la vida “son irreconciliables”, pues la lógica del mercado “pone en riesgo la vida”  .

La “lógica de la vida” y la “lógica mercatoria” coexisten, a su juicio, y “sólo son compatibles” porque la tensión entre ambas la absorben las mujeres. Dicho de otra forma: “Esos espacios de lo publico y lo privado, de lo autónomo y lo dependiente parecen compatibles, pero no lo serían si no fuera por el sacrificio que hacen las mujeres para que lo sean, junto con otros colectivos, como los migrantes y las personas racializadas”.

Esa coexistencia de opuestos se apoya, a su jucio, en dos divisiones “tajantes”: la existente entre lo público (espacio del mercado) y lo privado (espacio de lo doméstico y del cuidado), y la que hay entre autonomía y dependencia. La primera división determina derecho a la ciudadanía. “Es ciudadano aquel que trabaja y hay un feminismo que ha caído de rodillas ante esa idea”, censura.

Relacionó esta noción con el debate sobre la prostitución que está teniendo lugar dentro del feminismo: “La prostitución tiene que ser un trabajo porque si no quienes la ejercen no tienen derechos”, argumentan algunas. Para Rodríguez Palop, “esa no es la vía, a las mujeres no nos va a salvar el acceso al mercado como fuente de derechos porque las mujeres ya estamos en el mercado y seguimos en el mismo lugar: invisibilizadas, inferiorizadas y precarizadas”.

Por tanto, cree necesario apostar por “una ciudadanía que no esté atravesada por el mercado” para poder acceder a los derechos sociales, algo puede hacerse por vías diferentes, “no empleocéntricas”, como instaurar una renta básica universal.

“Sin cuotas no hay posibilidad de hacer aflorar nuestras competencias”

Feminismo de cuotas

La dicotomía entre autonomía y dependencia, está también “atravesada por el mercado”, porque se considera independiente a quien goza de ingresos y dependiente a quien carece de ellos. Este planteamiento “impide reconocer la interdependencia social” e invisibiliza la “red de cuidadados” que “no vienen marcadas por quién tiene o no dinero”.

El feminismo liberal defiende también el acceso de las mujeres al mercado sin cuotas “porque el mercado distribuirá justamente de acuerdo a nuestro mérito y capacidad”. Rodríguez Palop considera falaz tal propuesta, ya que “sin cuotas no hay posibilidad de hacer aflorar nuestras competencias”. Al hilo de esta idea lamentó que “las mujeres tengamos que disculparnos por reclamar cuotas cuando quienes tendrían que hacerlo son los hombres por haber ocupado puestos sin merecerlos”.

De hecho, cuestionó la meritocracia, “otra de las falsedades de nuestro tiempo”, ya que se trata de una “construcción social” atravesada por el género, la clase y la raza. “¿Quién decide que tocar el violín es menos meritorio que saber matemáticas? El mercado, que paga una cosa más que la otra. ¿Quién decide que hacer la paella los domingos es más meritorio que cocinar todos los días? El patriarcado”. Cree, por tanto, que el feminismo debe modificar la idea sobre el valor de las cosas.

Mitificación del consentimiento

El feminismo liberal se distingue también por “mitificar el consentimiento”, es decir, “la libertad empieza y acaba firmando un contrato”. De aquí volvió al debate sobre la prostitución destacando que es “un feminismo del autoemprendimiento”  en lo que toca a la relación con el cuerpo. “Mi cuerpo es mío en términos patrimonialistas, es decir, puedo hacer de mí una empresa”. A ese “error gravísimo” de percepción contrapuso esta visión: “Mi cuerpo soy yo y es una fuente de identidad”.

Explicó que la idea patrimonialista de los derechos, de hacerlos derivar de la propiedad privada tiene su origen en Locke y está desligada de “las necesidades y los comunes (las necesidades básicas comunes)”. Entre los perjuicios que ha causado a la humanidad ese “discurso clásico, ilustrado, de los derechos” citó como ejemplo que hasta 2016 no se haya reconocido en derecho al agua como derecho humano “y objeto, por tanto, de políticas públicas”.

Cree necesario, en consecuencia, “revisar por completo” el discurso sobre derechos, “no para renunciar a él, sino para incorporar cuestiones importantes para las mayorías sociales y políticas”. También para que esa visión patrimonialista impida “privatizar comunes” como el suelo urbanizable o el agua, “ya que el mantenimiento de los comunes depende esencialmente de las mujeres y las mujeres dependen mucho de los comunes”.

El cuerpo de las mujeres, en el centro

Frente al feminismo liberal, Rodríguel Palop enfatizó que el ecofeminismo es un planteamiento político que pone el cuerpo de las mujeres en el centro:

  • El cuerpo como campo de batalla que es objeto de violencias machistas y objeto también de derechos sexuales y reproductivos. Defendió el derecho al aborto y remarcó que oponerse a él “es una forma de violencia institutucional que viola los derechos fundamentales”.
  • El cuerpo como fuente de subjetividad. “Esto no excluye que sea mío”, puntualizó. Partiendo de esta base, el feminismo “puede vincularse a movimientos racializados y LGTBI”
  • El cuerpo como objeto de respeto y de cuidado. “Cuidar es un deber público de civilidad y hay que imponerlo”. Defendió la idea de regular esta cuestión. Junto con ello opina que “hay que superar la visión lineal del mundo” impuesta por el mercado y el capitalismo, que se opone a la concepción circular del tiempo del feminismo y el ecologismo. “Debemos cosas a los de atrás y por eso hay que cuidar de las personas dependientes y hacer una política de la memoria y de pensiones. Además, debemos cosas a quienes van a llegar”. Esta propuesta rompe con la fractura generacional que “impone la lógica mercatoria” y conduce al “deber de cuidar”. Y para garantizar que todo el mundo la cumpla es preciso “revisar la idea de empleo” y cambiarla “radicalmente”. Se comprometió a trabajar por ello desde su escaño de eurodiputada.

“La comunidad nacional debe ser una comunidad de afectos que cambie el eje de la ciudadanía a la vecindad”

Combatir a la extrema derecha con su “material”

Este ecofeminismo se propone combatir a la extrema derecha con su “mismo material”.

  • Ambos extremos asumen la racionalidad del miedo
  • Asumen la volencia sistemática
  • La necesidad de redes

“Ellos te dicen que te van a dar cosas si eres español y te ofrecen el nacionalismo excluyente y frente a la soledad, la fragmentación y el abandono te dan redes: la familia, la iglesia o la clase social”.

Esa es la razón del triunfo de las extremas derechas en la situación actual de incertidumbre. Pero el feminismo “asume esa realidad, no la niega” y “triunfa también porque dice: somos vulnerables, la autosuficiencia perdida nunca la hemos tenido. Por lo tanto, esto no es coyuntural ni hay culpables. No hay que temer a los pobres sino a la pobreza, no hay que temer a los migrantes sino a las causas del desarraigo y el exilio”.

“El feminismo tiene un proyecto político y una articulación jurídica supertransformadora”

Alternativa al capitalismo

De ahí surge una nueva lectura, que describió así:

  • Asunción de la vulnerabilidad y de la necesidad de cuidados
  • De ello se derivan la ética del cuidado y la cultura de la responsabilidad
  • Defensa de un ecologismo que supera las líneas del tiempo y las barreras de la especie (antropocentrismo débil)
  • Reconocimiento del mundo exterior del que dependemos (naturaleza y animales)
  • No plantear la comunidad nacional como refugio, sino como comunidad de afectos. Esto se traduce en una política de profundización democrática que abra el espectro de la ciudadanía para concederle más derechos políticos y más profundos. Para ello es preciso un “cambio de eje de la ciudadanía a la vecindad”, basado en una “mirada periférica que reconozca lo que hacemos y tenemos en común y eso no lo aporta la ciudadanía pero sí la vecindad”. En esas coordenadas, el eje de la política de lo común se sitúa en el barrio, el distrito. “La política de lo común es municipalista y supone el reconocimiento de dos elementos: el discurso político de autorreconocimiento de esa comunidad, es decir, quiénes somos y qué queremos ser (derecho a decidir) y un “ecosistema de mantenimiento” para que esa comunidad pueda persistir. A ello se añade la redistribución de la riqueza y la resistencia a privatizar “aquello de lo que dependa el sostenimiento de la vida”.

De todo ello habla el feminismo que, a decir de Rodríguez Palop, “tiene un proyecto político y una articulación jurídica supertransformadora” y es hoy por hoy “el único pensamiento articulado, junto con el ecologismo, que puede plantear una alternativa” al capitalismo neoliberal, lo que en ningún caso, sostiene, puede ofrecer la socialdemocracia.