WENDY HARCOURT | EXPERTA EN GÉNERO Y DESARROLLO
«Conseguir la justicia social depende de tomarnos en serio que hay multiplicidad de cuerpos»

La profesora de género, diversidad y desarrollo en el Instituto Internacional de Estudios Sociales de la Universidad Erasmus de La Haya (Holanda) opina que establecer una justicia global requiere “enfocar el desarrollo a través de nuevas narrativas, y maneras diferentes de pensar y hacer las cosas”.

Los discursos sobre el desarrollo siguen, a su juicio, “centrándose en el capitalismo como mecanismo para abordar la pobreza persistente y la ruina ecológica, y recurren a la formación y la experiencia occidental para que la industria del desarrollo pueda seguir funcionando”. Ello, a pesar de que este modelo produce “cada vez hay más pobreza, y crisis climática y financiera”.

«Existe un clamor visible para establecer nuevos signos, nuevos lenguajes y paradigma»

Entiende, por tanto, que en este momento histórico del COVID-19, “existe un clamor visible para establecer nuevos signos, nuevos lenguajes y paradigmas que nos lleven más allá de las prácticas de desarrollo y las políticas habituales”.

Harcourt ofreció la conferencia inaugural del V Congreso Internacional de Estudios del Desarrollo ‘Desafíos al Desarrollo: procesos de cambio hacia la justicia global’, organizado por el instituto Hegoa en Bilbao. Disertó sobre ‘La política del cuerpo y el post-desarrollo: Interrumpiendo el guión del capitalismo’.

Centró su conferencia en el postdesarrollo y las políticas corporales y dio por amortizado el desarrollo global basado en el consumo ilimitado, la destrucción ecológica y la invasión y el saqueo de territorios por medio de las guerras.

El postdesarrollo realiza una “crítica muy fuerte del orden del desarrollo global al señalar otras formas de economías no capitalistas que son resilientes y permiten a la gente ganarse la vida aun a pesar de los daños en la cultura y en la sociedad” que ocasiona el capitalismo global.

Eticas “no eurocéntricas”

Estas otras formas de desarrollo tienen que ver con “éticas no eurocéntricas” y movimientos como el Buen Vivir surgido en Abya Yala (América Latina), Ubuntu (regla ética sudafricana enfocada en la lealtad de las personas y las relaciones entre éstas), el decrecimiento y las economías comunitarias.

Esos movimientos se basan en el reconocimiento de “la ética y los principios que informan la vida; en elementos como la solidaridad, la diversidad, la naturaleza, las interconexiones y la simplicidad; la igualdad en lugar de la jerarquía; la pluriversalidad y la paz”.

Otra característica importante del postdesarrollo son, para Harcourt, las “intervenciones disruptivas y las críticas de las activistas feministas en los discursos, económicos y sociales de las culturales convencionales”.

Estas críticas se realizan por medio de lo que ha venido a denominarse políticas corporales, concepto que se refiere a utilizar el cuerpo físico para “conseguir un control sobre las experiencias vitales, biológicas, sociales y culturales”, y que también pretenden desarrollar una “resistencia anticapitalista”, basada en “desmitificar el capital como un sistema de sexismo y racismo debilitante”.

A cuerpo ‘normal’ blanco, masculino, occidental y heterosexual se oponen los cuerpos diversos como «lugares de resistencia cultural y política»

A la “interpretación dominante del cuerpo ‘normal’ como cuerpo blanco, masculino, occidental y heterosexual” esas exhibiciones públicas oponen los cuerpos diversos como “lugares de resistencia cultural y política”.

Producir conocimientos con el cuerpo

El posdesarrollo cuestiona también el dualismo en el pensamiento, propio de la cultura occidental, y lo reemplaza por la “naturaleza híbrida del conocimiento”. Entiende que “lo global y local se influyen mutuamente y que hay muchas formas de identidades y epistemologías que cruzan y llegan a mundos diferentes”.

En contextos feministas, por ejemplo, los debates se han centrado en la “producción de conocimientos relacionados con el cuerpo, de forma que el cuerpo se convierta en sujeto y no en objeto de conocimiento”.

Esta utilización de los cuerpos como sujetos ha recorrido el mundo a través de las movilizaciones de mujeres en la plaza Tahir de El Cairo durante la Primavera Arabe, de las acciones de las Femen o de activistas en Uganda contra el colonialismo. El impacto de estas protestas se multiplicó a través de las redes sociales e Internet y, según esta experta, ello sirvió, tanto para conocer los acontecimientos que se estaban produciendo en distintos lugares del mundo, como para que las mujeres que los protagonizaban recibieran la solidaridad de compañeras de todos los lugares.

La política corporal, explica, deja visibles temas eran tabús y que institucionalizaban diferencias basadas en género, identidad, sexo, capacidad y raza, en el mundo del trabajo y en la vida social y política. Además, “plantea cómo podemos prestar atención a experiencias que han sido racializadas y eliminadas” por medio de la violencia colonial.

A su vez, “desglosa el sistema racial, sexual y de género que la modernidad ha impuesto a la sociedad” y que ha sacralizado los cuerpos hetero, masculinos y blancos.

Escuchar a las personas marginadas

El postdesarrollo está llamado, según Harcourt, a “ir construyendo sobre resistencias múltiples y rebeliones que se expresan en muchas feministas”.

La justicia social, en su opinión, pasa por “tomarnos en serio la noción de que existe una multiplicidad de cuerpos para ir más allá de las historias normalizantes y prácticas del desarrollo moderno”.

Uno de los factores que tienen que cambiar es empezar a tener en cuenta “los conocimientos que tenemos sobre la interdependencia de cuerpo, tierra, cultura y naturaleza”. Tenemos también, dice, que “escuchar a otras personas, en especial, aprender de las personas marginadas que, a pesar de sus circunstancias violentas y dolorosas, quieren avanzar hacia una justicia global”, objetivo que tiene que tener en cuenta la “justicia reproductiva, los cuerpos en resistencia y las vías pluriversales de justicia social”.