Paz Rodríguez Presidenta de Carla Vive
“El sistema judicial quiere a las víctimas aisladas y vulnerables, igual que los maltratadores”

Una de las personas que mejor sabe cómo funcionan la justicia y las instituciones con las mujeres víctimas de la violencia machista no se sienta en ningún ministerio ni gabinete asesor, ni se cuenta entre los operadores jurídicos. Se puede decir con propiedad que todos ellos tienen un percepción parcial del problema y el suyo es un conocimiento global.

La presidenta de la asociación Carla Vive de Gijón, Paz Rodríguez, que ofrecerá este viernes, día 27, una conferencia en Bilbao organizada por Gafas Moradas (Casa Galicia, 18.30 h.), acompaña a las víctimas de alto riesgo a los hospitales y centros de salud, a las comisarías, a los juicios y en su recuperación posterior, en unos pisos de los que dispone en Gijón, gracias al acuerdo con una promotora.

Conoce de primera mano lo que ocurre en todos esos lugares y su carácter fogoso y justiciero le ha valido más de un enfrentamiento e incluso alguna condena. El año pasado vivió 20 días de arresto domiciliario por espetar a una jueza una frase que ya se ha hecho famosa:  “Nos estáis dejando pocas soluciones a las mujeres, y las pocas que nos quedan no os van a gustar”. Mañana será juzgada por presuntas calumnias a un maltratador que fue absuelto. Piden para ella dos años de cárcel.

-¿A que responde el nombre de Carla Vive?

-Lo pusimos en recuerdo a una compañera, Carla Olga Garrido, que fue víctima de violencia de género y tenía una asociación similar a la nuestra, La Mujer es una Diosa. Como nosotras, se dedicaba a atender a mujeres en riesgo extremo y las desplazaba por toda España. Desgraciadamente, se mató en el accidente de tren de Angrois.

En Majadahonda, un juicio rápido por violencia de género tarda tres meses en celebrarse

-¿Cuántos casos atiende la asociación?

-Entre las chicas desplazadas y las que estamos aquí en Gijon llevamos 196 casos. Somos 15 colaboradores y voluntarios. El acompañamiento a juzgados y comisarías los hago yo personalmente y las chicas (las mujeres que atienden), en cuanto se encuentran con capacidad de afrontar estos temas, se ayudan entre ellas.

-Mal tiene que estar la atención a las víctimas de la violencia machista si teneis que desplazaros a cientos de kilómetros para llevarlas al refugio de Gijón.

-Yo siempre digo que en el Norte -Euskal Herria, Asturias y Cataluña- estamos bastante concienciadas, porque hay un movimiento feminista muy fuerte. En el resto de España es terrorífico. Por decirte algo, en Majadahonda, un juicio rápido por violencia de género tarda tres meses en celebrarse. En Asturias, tiene que salir en 24/48 horas máximo. Si el maltratador no se conforma y va a Penal, son 16 días máximo.

Juicio por calumnias

-Mañana te enfrentas a un pleito por calumnias a un maltratador. ¿Qué ocurrió?

-Fuimos a un juicio a Burgos. Su señoría quiso archivar el caso. Nos rechazó todas las probatorias que llevábamos, incluidos wattsapps en los que él reconoce que la intentó ahogar un día en la cama ‘porque lo tenía harto’. Como habíamos puesto en Facebook ‘Vamos a Burgos, vamos a por un maltratador’, pero sin poner nombre ni nada, él se vino arriba y nos denunció por calumnias, y eso sí lo admitió a trámite el juez. Además,  piden dos años de cárcel. A un maltratador lo sacan con una orden de alejamiento y, como mucho, trabajos a la comunidad. A nosotras, a las que estamos haciendo fuerza para que las víctimas no se queden solas, nos quieren callar. Siguen el mismo patrón que el maltratador: aislar a la víctima, y el sistema judicial está funcionado así. Es patriarcal, lógicamente.

-¿Con qué ánimo afrontas este nuevo juicio a tu persona?

-Mucho me temo que saldré condenada porque el denunciante tiene peso económico en Burgos. No creo que dicte auto de prisión porque entonces se le caería todo el feminismo encima. Pero, ya sabes, sales con una condicional, y luego no te saltes ni un semáforo en rojo… Todo mi trabajo queda condicionado a esa condicional. Ya no puedes levantar la voz, no puedo tener ningún problema. A las que apoyamos a las víctimas nos quieren apartar de ellas, las quieren vulnerables.

-¿Cobras algo por este trabajo, recibes ayuda de alguna institución?

-No, nada. La asociación tiene una cuota de 20 euros anuales. Para los desplazamientos, tenemos ayuda de un colaborador que hace pequeñas donaciones. Intentamos subsistir como podemos. No tenemos ninguna ayuda estatal, no tenemos ningún chiringuito, como dice Abascal, ni nada que se le parezca. Ahora vamos a intentar formar parte del Consejo de la Mujer de Gijón y de Asturias para tener acceso a un mínimo de ayudas.

-Llevas muchos años militando en el feminismo, que tiene muchas vertientes. ¿Qué te hizo centrarte en la violencia machista?

-No sé decirlo muy bien… Alguien lo tenía que hacer. Yo no soy víctima de violencia de género ni tampoco la he vivido en casa de mis padres.

“La Ley Integral se ha convertido en nuestra soga”

-¿Has visto alguna evolución en estos años?

-Sí, a peor. Cuando firmamos la Ley Integral estábamos eufóricas. Era un paso de gigante, una ley pionera en el mundo. Me da la sensación hoy de que se ha convertido en nuestra propia soga. Es la ley más criticada, la más cuestionada socialmente… Se manipula continuamente y luego los resultados no son los esperados, porque vas al juzgado y vuelves a ser juzgada otra vez.

-La revictimización.

-Sí, la víctima siempre es cuestionada, por una cosa o por otra. El, con decir ‘no’, ya tiene suficiente.

-¿Cuál es tu impresión del tratamiento de este tema por parte de las instituciones? ¿Qué hace falta?

-Las víctimas de la violencia de género son una baza electoral. Ya verás que durante este mes se va a hablar muchísimo de nosotras, de todas. Una vez que se asientan, todos se olvidan del tema, no se modifica la ley, el famoso pacto, que para mi asociación es el pacto de la vergüenza, no se dotó económicamente, con lo cual los protocolos no se cumplen. No sé para qué nos molestamos en hacer protocolos de actuación si luego no se cumplen.

Si en un año, en vez de contabilizar 100 muertas, contabilizásemos 100 muertos, se sentarían y encontrarían la solución

-¿Qué quieres decir?

-Llegas al hospital y muchas siguen diciendo que se han caído por las escaleras. Los doctores que las atienden son conscientes de que no es así. Tienen obligación, según el protocolo, de notificarlo al juzgado y no lo hacen. A partir de ahí, qué te puedo contar… Y de las denuncias falsas, ni hablemos. Recordaré simplemente lo que dijo la Fiscalía General del Estado del Gobierno de Rajoy cuando quiso tumbar la ley: que hay un 0,001%. De hecho, este año llevamos 74 muertas. La previsión es que rebasemos las 100 este año.

-¿Qué es lo primero que habría que cambiar para frenar esa masacre, lo más urgente?

-Si en un año, en vez de contabilizar 100 muertas contabilizásemos 100 muertos, se sentarían y encontrarían la solución. Si el patriarcado, ellos, se vieran atacados, entonces hablarían de terrorismo feminista. Esa palabra iba a ser la primera que utilizarían, pero iban a encontrar soluciones.

-Defiendes la autodefensa como solución.

-Tengo claro que, vida por vida, primero la mía.